Los estudiantes de primera generación deberían sentirse capaces de prosperar en un programa de investigación. Dado que la investigación y los programas de doctorado gozan de gran prestigio, es común que los estudiantes de primera generación se sientan intimidados ante la idea de realizar una investigación de pregrado.
Como estudiante de primera generación, yo misma he tenido que lidiar con esto. Mis estudios se enfocan en Estudios Liberales en Educación y, a medida que avanzaba en mis estudios, comencé a sentir el deseo de profundizar mis conocimientos en mi campo y proponer soluciones a los problemas sistémicos de la educación. Sin embargo, reflexioné sobre lo inexperta que me sentía en la materia de investigación, ya que nunca estuve expuesta a esa idea durante mi crianza.
Según la Asociación Nacional de Administradores de Personal Estudiantil (NASPA), un menor número de estudiantes universitarios de primera generación realiza proyectos de investigación junto con el profesorado, en comparación con los estudiantes de generaciones sucesivas.
Dado que la investigación no es algo a lo que los estudiantes de primera generación suelen estar expuestos, temas como la estadística, el análisis de datos y la codificación analítica resultan intimidantes. Nos preguntamos si nuestras habilidades de redacción y comunicación son lo suficientemente competentes, y luchamos contra la sensación de no encajar.
La creencia de que uno no podrá tener éxito en un programa de investigación puede, verdaderamente, impedirle llegar a ser la mejor versión de sí mismo. Yo luché contra esta creencia durante un tiempo; sin embargo, cuanto más me sumergía en mi campo de estudio, más reflexionaba sobre la importancia de compartir las observaciones que había realizado durante mi trabajo de campo en las aulas, así como mi experiencia como tutora.
Después de hablar con mis profesores sobre mis deseos y objetivos, me animaron a simplemente lanzarme a hacerlo. En mi tercer año en la Universidad Luterana de California, me uní al Programa de Estudios McNair, un programa federal diseñado para brindar oportunidades de investigación y mentoría a estudiantes de primera generación y de grupos subrepresentados.
He asistido a talleres de preparación para la investigación que estoy llevando a cabo este verano, y resultaba casi imposible no sentirse intimidado al escuchar sobre el trabajo que otros estudiantes en el Programa de Estudios McNair realizan en el laboratorio y la forma en que debaten soluciones a problemas de gran importancia, como el cáncer. Sin embargo, en esos talleres también descubrí que no era la única que había tenido dificultades con esto. Israel Lozano, estudiante de último año en Cal Luterana, habló sobre su experiencia como estudiante de primera generación que realizaba una investigación por primera vez.
“Puede llegar a ser una experiencia solitaria cuando, como estudiante de primera generación, te dedicas a hacer algo diferente, ya que no cuentas con tu familia para buscar consejo y apoyo”, dijo Lozano.
La investigación es algo novedoso para los estudiantes de primera generación, y el simple hecho de intentar algo nuevo, de por sí, es un desafío. No obstante, no es necesario poseer un nivel de inteligencia específico para realizar investigaciones; basta con tener pasión y curiosidad.
Lozano dijo que se encontró con mucho vocabulario nuevo y que tuvo que aprender a interpretar estadísticas. Sin embargo, en el transcurso del proceso, descubrió que, de hecho, tenía aptitudes para las matemáticas, y la investigación lo impulsó a desarrollar un pensamiento más lógico.
Alex Loza, estudiante de último año en Cal Luterana participó en investigaciones con el programa de Acceso, Exito, Comunidad, Equidad, Creación de Redes, Apoyo y Oportunidad, también conocido como ASCENSO por su siglas en inglés. El enfoque de su investigación fue en las desigualdades en salud que enfrentan los latinos de la tercera edad en el condado de Ventura.
“Como miembros de la primera generación universitaria, tendemos a pensar que somos incapaces de realizar muchas cosas, o que ciertas oportunidades no están hechas para nosotros; pero es precisamente ahí donde nos equivocamos”, dijo Loza.
Loza describió lo desafiante que resulta sentirse diferente al resto de las personas presentes en una sala, así como la lucha que implica reunir el valor necesario para dirigirse a profesionales. Tuvo que lidiar con la incertidumbre, temiendo no ser capaz de elaborar un trabajo de investigación de calidad. Pero a lo largo del proceso, terminó fortaleciendo sus habilidades comunicativas.
Como estudiantes de primera generación, solemos nublar nuestra mente con un sinfín de dudas y optamos por “ir a lo seguro”, impulsados por el miedo al fracaso. Sentimos la presión de demostrar a nuestras familias que somos capaces de lograrlo. Sin embargo, permanecer dentro de nuestra zona de confort no generará el crecimiento ni las competencias que necesitamos para alcanzar el éxito.
Mia Calderón, estudiante de último año en Cal Luterana que participó en proyectos de investigación, señaló asimismo que su mayor desafío fue la sensación de no encajar en el entorno. No obstante, terminó comprendiendo que el cambio comienza, precisamente, con la investigación.
Si te apasiona tu campo y tienes el deseo de ser una voz para tu comunidad y, potencialmente, proponer soluciones, date a conocer y asume ese desafío.
He aprendido que está bien no saberlo todo, ya que se aprende durante el proceso. El paso más importante es, simplemente, empezar. Hay mentores académicos dispuestos a asistirte en este trayecto.
La investigación te permite establecer conexiones para adquirir esa sabiduría que no te fue transmitida por tu familia. No estás solo y eres plenamente capaz de prosperar en un programa de investigación.
